Los árboles parecían ángeles y me dirigí hacia ellos. Pude
verlos de cerca durante las horas que duró mi vida. Intercambié mis formas
apetecibles por una sola de sus plumas. Corrí luego calle abajo embelesada por
el momento, había sido una velada irrepetible. Nadie ocuparía desde entonces sus
vidas, éstas ya eran solo un rastro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario