No me enseñaron los himnos
Las voces de los soldados
la sequedad de los aguaceros
Los ojos de quienes un día
no pudieron ver ni oír nada.
Los ojos de quienes un día
no pudieron ver ni oír nada.
Nos hablaron de la presunta alegría de
las serpientes
de las mujeres simples
poblándonos el territorio de las
heridas.
A ese plegaria nos invocaron
y nos amaron vírgenes alrededor del
fuego
cerca de todos los hombres
fueran como fueran.
Y allí gritamos todos los himnos
doblando nuestras piernas
Y allí fabricamos la soledad
mientras la vida se iba haciendo
lentamente.

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